¿Qué gigantes? dijo Sancho Panza. Aquellos que allí ves, respondió su amo, de los brazos largos, que los suelen tener algunos de casi dos leguas. Mire vuestra merced, respondió Sancho, que aquellos que allí se parecen no son gigantes, sino molinos de viento, y lo que en ellos parecen brazos son las aspas, que volteadas del viento hacen andar la piedra del molino. Bien parece, respondió Don Quijote, que no estás cursado en esto de las aventuras; ellos son gigantes, y si tienes miedo quítate de ahí, y ponte en oración en el espacio que yo voy a entrar con ellos en fiera y desigual batalla.

El ingenioso hidalgo don Quixote de la Mancha. Capítulo VIII

14 jun. 2010

Dios nos hace más buenos (¿o no?)

Cuando se discute con un creyente sobre la existencia de Dios, existen ciertos argumentos que suelen ser recurrentes y que aparecerán en tales discusiones de forma más o menos fijas. Uno de estos argumentos es que si Dios no existiera no habría motivos para ser eticos o morales y todos seríamos unos asesinos comeniños sin sentimientos. Para empezar, este razonamiento no es más que una falacia ad consequentiam, es decir, usa las consecuencias de una proposición como prueba de su veracidad o falsedad. Por poner un ejemplo claro, es como si uno se encuentra en una calle vacía a un tipo que le apunta con una pistola. No puede ser un ladrón, porque eso significaría que vas a perder todo lo que lleves encima y que puede que te pegue un tiro. ¿A que es absurdo ese pensamiento?
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